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Monografias Torre de la Sal

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Mendeley Data2024-05-25 更新2024-06-28 收录
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El trabajo que aquí se presenta nace de la necesidad de acometer una serie de intervenciones de campo previas a la inminente transformación de una gran área situada en la Ribera de Cabanes (Castellón). Las prospecciones iniciales del sector ante la planificación de su desarrollo urbanístico y la ejecución de un primer PAI en el área de la costa, han conllevado la realización de diversas intervenciones arqueológicas previas a la ejecución de las obras que nos han permitido documentar un variado y amplio registro que sería impensable obtener de otro modo. Mal que nos pese, la arqueología de los últimos años ha ido de la mano de las necesidades de creación de nuevas infraestructuras y de planes urbanísticos que, en el normal desarrollo de la aplicación de la legislación sobre protección del patrimonio, está ofreciendo nuevos datos a una velocidad de vértigo y no queda más opción que la de ordenar y presentar los primeros resultados, aunque en ocasiones no podamos ofrecer todas las respuestas que pudieran esperarse. Acostumbrados como estamos a las intervenciones sobre áreas previamente acotadas de yacimientos y solares urbanos, controladas por su manejable tamaño mediante sondeos o excavaciones en área abierta de sectores que no suelen ser excesivamente grandes, nos enfrentamos a una serie de intervenciones sobre una misma zona cuyos resultados han superado los cien mil metros cuadrados de restos arqueológicos excavados, documentando diversas fases culturales que abarcan desde el Neolítico hasta nuestros días. La continuada ocupación de la zona y las diferentes estrategias adoptadas por las distintas comunidades que allí se han instalado, nos brinda la oportunidad de emprender su estudio desde la óptica de su propia evolución. La interacción entre el individuo y el medio que lo circunda genera diferentes respuestas en las que confluyen factores culturales y ambientales, y de esta simbiosis surge un registro material, las más de las veces evidente, así como un registro inmaterial que escapa a la habitual cuantificación de los datos y que apenas podemos intuir. La forzosa aunque necesaria separación del registro arqueológico en fases cronoculturales, nos lleva por lo general a una especialización en el modo de analizar e interpretar los datos; así, los diferentes enfoques aplicados a la investigación arqueológica presentan acotaciones temporales, por lo que las fuentes a las que acude el especialista de un periodo concreto suelen diferir de las usadas por un colega que estudie un periodo diferente. Esta obviedad se pone de manifiesto cuando se recurre a la etnografía como fuente de información y se aplica a la interpretación del registro arqueológico. Ensayos etnoarqueológicos como los realizados por González-Ruibal en el oeste de Etiopía (González-Ruibal, 2005) o por otros equipos en Marruecos (González-Urquijo, Ibáñez, Zapata, Peña, 2001), pueden constituir una herramienta de análisis muy válida para la interpretación de la cerámica de diversos periodos, yendo más allá de la típica visión del vaso como elemento cuantificable y mesurable o como guía para la datación de una fase determinada. La consideración del vaso cerámico como resultado de una serie de acciones de orden social que trascienden el acto de su propia elaboración y uso, lleva a la observación de ese registro intangible al que aludíamos y sobre el que volveremos a tratar más adelante. Aunque el uso de paralelos como fuente de información es una de las herramientas más utilizadas en la investigación arqueológica, llama la atención cómo, ante un registro perteneciente a una fase histórica determinada, por lo general nos centramos en la búsqueda de respuestas válidas en otros registros del mismo periodo, aunque las acciones que lo han generado puedan ser tan semejantes a las documentadas en fases de ocupación diferentes. Dicho de otro modo, ante un registro del Neolítico, el investigador difícilmente acudirá a buscar paralelos arqueológicos documentados para la fase andalusí, del mismo modo que quien documenta unos restos de esta fase no recurre por lo general al planteamiento de paralelos documentados en las investigaciones sobre el periodo ibérico. Aunque puedan esgrimirse distancias culturales entre las diferentes fases mencionadas como ejemplo, estas no son menores que las que se plantean cuando usamos la etnografía como fuente de datos observables y no por ello dejamos de recurrir a la misma, investiguemos el periodo que investiguemos. Esta visión tan compartimentada en fases a la que estamos acostumbrados se trunca al documentar un amplio registro en el que, salvando las más que obvias distancias cronológicas y culturales, debemos enfrentarnos a estructuras prácticamente idénticas y creadas en origen para un mismo fin, y cuya única diferencia en el registro es la cultura material recuperada en su relleno de amortización. Así, durante el proceso de trabajo de campo, la rapidez con la que se sucedía la documentación de estructuras de almacenamiento ubicadas en un mismo espacio, pero adscritas a periodos tan alejados cronológica y culturalmente como el neolítico y el andalusí, nos obligaba a bucear entre los datos de una amplísima bibliografía especializada en los distintos momentos documentados, observando en ocasiones diferentes enfoques en el análisis e interpretación de un mismo tipo de estructuras según fuera el contexto crono-cultural en el que se incluyesen o incluso la corriente historiográfica que profesara el autor del estudio. Esta rica y diacrónica visión sobre un mismo tipo de registro arqueológico viene a reforzar la idea de que, por más que cuantifiquemos y analicemos los datos o por muy detallado que sea el proceso de documentación durante una investigación arqueológica, los restos que nos han llegado son producto directo de acciones humanas, en ocasiones premeditadas y recurrentes y en otras inconscientes, con lo que el estudio y sobre todo la interpretación de los restos, como una acción humana más, deben ser observados y entendidos como una ciencia social que busca explicar el orden que subyace en toda cultura. Las lecturas de investigadores con ideas tan próximas y a la vez tan distantes como Barceló, Bazzana, Bernabeu, Blánquez, Burillo, Butzer, Buxó, Criado, Escoriza, Glick, Guichard, Hernando, Martínez, Mira, Noguera, Olària, Rojo, Roselló, o Tello, por citar unos pocos, nos han obligado a plantearnos cuestiones diversas que van más allá de la mera descripción del registro arqueológico tangible documentado, y a interrogarnos sobre aspectos relacionados con la cultura inmaterial, sobre los factores históricos, sociales y culturales en los que se ven inmersos los protagonistas que en última instancia han generado el diverso patrimonio que estamos recuperando. Así, hemos de reconocer que ha sido una experiencia muy gratificante el haber podido con-trastar opiniones y recabar información de primera mano entre los diferentes investigadores que nos han orientado y con quienes estamos en deuda, aunque justo es decir que los posibles errores de interpretación de sus palabras o de sus lecturas, solo pueden sernos achacados a nosotros. Fue en el año 2004 cuando el Grupo Marina d’Or encargó a la empresa de servicios de patrimonio cultural ARX. Arxivística i Arqueologia S.L., la realización de un estudio de campo completo sobre el ámbito de implantación del futuro PAI Marina d’Or-Golf. El gran proyecto urbanístico, con una extensión de 16 kilómetros cuadrados, estaba aún dibujando sus primeras trazas cuando iniciamos los trabajos de prospección. A medida que avanzaban los trabajos de campo, los resultados de las prospecciones de campo eran comunicados a los diferentes equipos implicados en el proyecto bajo la coordinación de los arquitectos urbanistas Salvador García y Lorenzo Montón. Los datos de campo aportaban las primeras delimitaciones de áreas susceptibles de albergar restos arqueológicos y sus perímetros de protección se iban incluyendo en el proceso de planificación, en ocasiones adecuando viales o creando zonas verdes en aquellas zonas que aparentemente podían tener mayor entidad. En suma, el intercambio continuo de información tuvo como objetivo primordial ofrecer toda la documentación necesaria para elaborar un instrumento eficaz que facilitara la planificación y ejecución del proyecto urbanístico conjugado con el estudio y preservación del Patrimonio. Con la finalidad de acometer los trabajos de prospección para la valoración y el cartografiado del patrimonio arqueológico, paleontológico y etnológico, se realizó un primer vaciado bibliográfico y cartográfico del área a prospectar que finalmente abarcaría un total de 23 kilómetros cuadrados, comprendiendo parte de los términos municipales de Cabanes y Oropesa del Mar. Para llevar a cabo el estudio sobre el patrimonio de esta extensa zona, se formarían un total de tres equipos de trabajo que funcionarían de manera independiente bajo nuestra coordinación: por un lado, un equipo de paleontólogos, bajo la dirección técnica de Joaquín Albesa, se encargó de la realización de las columnas estratigráficas y del análisis de las formaciones geológicas y paleontológicas del sector. Un segundo equipo estuvo formado por arqueólogos náuticos, realizando las prospecciones subacuáticas del área de implantación del emisario proyectado para la estación de aguas residuales, trabajos que fueron ejecutados en dos fases: la primera bajo la dirección técnica de Carlos de Juan Fuertes y la segunda a cargo de Juan Sebastián Miralles. Finalmente, un tercer equipo de arqueólogos, formado por Enrique Estevens, Joan Palmer, Carmen Marcos y Enric Flors, llevaría a cabo la prospección sistemática terrestre y el estudio final, cuyos resultados se concretarían en un total de 54 áreas de dispersión de materiales arqueológicos, así como diversos elementos de interés etnológico de los que se publicó un primer avance (Flors, 2008). Durante esta primera fase pudimos contar ya con la desinteresada colaboración de diversos especialistas que aportaron su necesaria visión crítica y sus conocimientos sobre el área de estudio. Así, estamos en deuda con Francesc Gusi y Carme Olària por su apoyo constante y su asesoramiento sobre el instrumental lítico recuperado durante las prospecciones; con Gustau Aguilella, director de las excavaciones de El Mortorum, con quien compartimos y cotejamos los resultados de sus intervenciones y su significación respecto a los nuevos espacios documentados en el llano; con Ferran Arasa, quien además nos acompañó en varias ocasiones durante el trabajo de campo y revisó las importaciones romanas localizadas; finalmente, con Asunción Fernández-Izquierdo que nos brindó toda la información relacionada con los yacimientos subacuáticos de la zona. Fruto de estos estudios previos y con la finalidad de gestionar y coordinar el desarrollo de las diferentes investigaciones arqueológicas exigidas por la Ley de Patrimonio Cultural Valenciano, a finales de 2005 el Grupo Marina d’Or creó la Fundació Marina d’Or de la Comunitat Valenciana, cuyos objetivos en materia de Patrimonio se centran en el fomento de la investigación, conservación, difusión y recuperación del patrimonio arqueológico. Así, desde inicios de 2006, el equipo técnico de la Fundació ha venido desarrollando trabajos de prospección, evaluación y excavación arqueológica en extensión de diversos sectores en el ámbito de desarrollo de la urbanización del PAI Torre la Sal (Cabanes), realizando igualmente varias intervenciones arqueológicas de evaluación en el ámbito del PAI Marina d’Or-Golf, que tenían como finalidad aportar datos complementarios a las prospecciones que permitieran valorar y, en la medida de lo posible, delimitar los restos arqueológicos que pudieran asociarse a las dispersiones identificadas en superficie durante las prospecciones. Estas intervenciones han estado bajo la dirección técnica de los arqueólogos Francisco de Manuel Rioja, Ana Isabel Ángel, Pablo Nevado, Pedro Gallego, Vicente Juan Berenguer, Tamara Mora, Adrià Pitarch y Daniel Sanfeliu. Los resultados de las investigaciones realizadas que se presentan en esta monografía son producto de su esfuerzo y de un trabajo diario en ocasiones nada fácil, por el que siempre les estaré profundamente agradecido. Contando también como parte imprescindible del equipo técnico, ha sido fundamental la participación de los topógrafos de Global Alacant S.L., con quienes hemos desarrollado el sistema de gestión planimétrica mediante ortofotos georeferenciadas que forman la base del registro gráfico de las excavaciones realizadas. A través de un convenio entre la Fundació Marina d’Or de la Comunitat Valenciana y el Taller de Materiales Arqueológicos y Etnográficos del Instituto Universitario de Restauración del Patrimonio de la Universidad Politécnica de Valencia, hemos contado con la colaboración continuada, como parte del equipo técnico de la Fundació, de la restauradora Marta Reina, sin olvidar a los diversos colaboradores que bajo la dirección de Begoña Carrascosa y de Montserrat Lastras han contribuido con su trabajo a la restauración de la variada y rica cultura material recuperada durante las excavaciones realizadas en estos tres años. Un segundo convenio, esta vez con la Universitat de València, ha posibilitado la participación en el proyecto arqueológico de un equipo coordinado por Ferran Arasa, que aportan la necesaria visión multidisciplinar del amplio registro arqueológico que se está documentando. Fuera de los convenios suscritos, se ha mantenido una relación de desinteresada colaboración y cotejo de opiniones con diversos especialistas que en ocasiones nos han visitado y con quienes estamos en deuda. En este sentido, quiero dar las gracias a investigadores como Carme Olària, Amparo Barrachina, Bernat Martí, Josep Bosch, Josep Tarrús, y a todos aquellos con quienes hemos intercambiado puntos de vista y que nos han proporcionado valiosos datos sobre la cultura material registrada en nuestras intervenciones. Así mismo, y muy especialmente, quiero dar las gracias a Joan Bernabeu y Francesc Gusi, cuyo empeño personal ha permitido la obtención de las dataciones radiocarbónicas que se presentan en este trabajo. Derivado de los trabajos de campo realizados y a petición de la Dirección General de Patrimonio Cultural Valenciano, en el año 2007 realizamos un primer estudio de caracterización sobre la evolución del paisaje histórico del área cuyo ámbito temporal llegaba hasta el siglo XX, con el objetivo de documentar la ocupación del espacio desde el punto de vista histórico, analizando las distintas interacciones entre el medio y las diferentes comunidades que allí se han asentado. Aquí presentamos los primeros resultados de un extenso trabajo de campo aún en curso, así como un primer análisis de los mismos bajo una visión evolutiva, marcada por las interacciones entre las diferentes comunidades asentadas en un medio que parece haber sido antropizado siguiendo modelos crono-culturales específicos. Por tanto,partimos de la aplicación de la metodología arqueológica, aportando en ocasiones nuevas estrategias de trabajo sobre los “datos objetivos” de campo, ampliando, actualizando y matizando los aspectos contenidos en los informes y estudios previos que son continuamente revisados, ya que las investigaciones siguen su curso tanto en campo como en laboratorio, para acabar reflexionando y planteando hipótesis de trabajo que permitan abrir nuevas vías de investigación. Los continuos cambios naturales y las transformaciones antrópicas del área de estudio han dado como resultado el paisaje que hoy conocemos, por lo que la imagen actual tan solo es el punto inicial para el análisis histórico. Como apunta Buxó, el paisaje, “...como marco de la actividad humana...” se revela como “...una construcción de generaciones sucesivas de experimentación y modificación humana...” por lo que la historia, la geografía y la arqueología “...constituyen ámbitos científicos capaces de abordar una perspectiva histórica común.” (Buxó, 2006, 1). Los datos de partida para el presente estudio provienen pues de distintas áreas; en primer lugar ha sido necesaria la recopilación de material cartográfico procedente de diversas fuentes (mapas topográficos, geológicos, catastrales, fotografías aéreas, ortofotos, mapas históricos...), cuya información ha servido como base del estudio de representación geográfica del desarrollo histórico. Así pues, las diferentes capas de información se van agrupando en ficheros vectoriales y raster, conformando una herramienta de trabajo que nos permitirá gestionar la información a través de un GIS que estamos desarrollando, cuyos datos se implementarán en bases de datos gráficas y de análisis arqueológico e histórico. El ámbito de estudio, no se centra únicamente en el área de implantación de los PAI mencionados sino que se amplía a otras zonas, ya que las comunidades que han ido ocupando el área no se encuentran aisladas sino que forman parte de un contexto histórico y sociocultural mucho mayor sin cuyo estudio no se entendería su evolución. Como premisa de trabajo hemos de asumir que partimos de una base documental forzosamente incompleta. Entender las transformaciones de un paisaje desde el punto de vista temporal, implica necesariamente el concurso de estudios multidisciplinares que nos permitan obtener el mayor número de datos posibles para poder realizar el análisis evolutivo del espacio antropizado, transformado, ocupado y abandonado, alterado por factores climáticos y geológicos, nuevamente recuperado y explotado tantas veces como las necesidades humanas lo han requerido. Por ello, es imposible considerar un estudio como el que aquí presentamos como algo cerrado y definitivo. Buena muestra de ello queda reflejado en las investigaciones arqueológicas en curso que el equipo de la Fundació Marina d’ Or de la Comunitat Valenciana está llevando a cabo en el área del PAI Torre la Sal (Cabanes). Aquí, la documentación de un extenso yacimiento formado principalmente por estructuras negativas de varios periodos, nos obliga a replantear, o cuando menos a tomar con cautela, los datos iniciales derivados de las prospecciones superficiales realizadas hasta la fecha. Además, unasentamiento al aire libre como el de Costamar, necesariamente supuso un gran cambio en la percepción y apropiación del territorio que derivará en la primera gran transformación intencionada del medio, con la implantación de prácticas de subsistencia que se manifiestan en el registro arqueológico por la documentación de un alto número de estructuras excavadas en el glacis pleistoceno (silos, cubetas, fosos…) y de restos de cultura material que permiten adscribir la mayor parte del registro documentado a una fase neolítica temprana. Obviamente, partir de los datos del paisaje actual (parcelario, ejes viarios, núcleos de hábitat y de producción, sistemas de riego, relieve, usos del suelo actuales, arquitectura rural…) y de los datos de campo de las prospecciones y excavaciones realizadas (áreas de dispersión de materiales arqueológicos de diferentes adscripciones culturales, registro y documentación de espacios de hábitat, de trabajo, de almacenamiento, de enterramiento,…), nos ayudarán a entender la compleja evolución de las diferentes culturas que han pasado por nuestra zona, cómo se han adaptado en determinados periodos, de qué modo han desarrollado los lazos de tenencia y transmisión de la tierra, o han explotado el medio y construido el paisaje y, en definitiva, cómo se manifiesta ese proceso hasta desembocar en el paisaje que hoy observamos y estudiamos. Los documentos históricos analizados, la cartografía consultada, las trazas fósiles identificadas durante los trabajos de prospección y excavación, no pueden ser de momento más que un amplio conjunto de datos sincrónicos y diacrónicos, un punto de partida necesario sobre el que poder establecer diferentes líneas de investigación, aplicando diversas herramientas y metodologías específicas que nos permitirán plantear las necesarias correcciones a las primeras hipótesis de trabajo aquí esbozadas. Los estudios en curso, los que se derivarán de las actuales investigaciones (arqueozoología, arqueobotánica, geomorfología, etc. y las futuras investigaciones, nos permitirán obtener datos más precisos sobre esta evolución del medio en el espacio y en el tiempo. Por todo ello, nuestra visión actual de esta evolución es aún parcial, sesgada y condicionada por el ritmo de las investigaciones y, por tanto, abierta a una continua, necesaria y saludable discusión y revisión. Así pues, hemos estructurado la presente obra en diversos apartados que se ven complementados con la documentación adicional contenida en el CD adjunto. En primer lugar, el estudio geomorfológico y de evolución de la costa realizado por José Miguel Ruiz y Pilar Carmona, aporta una valiosísima información que nos ayudará a entender las diferentes estrategias de adaptación y la continua transformación de un medio peculiar con el que interaccionarán las diversas culturas que se han asentado en nuestra área de estudio. A partir de este punto, realizamos primero una revisión del apartado metodológico desarrollado a lo largo de los trabajos, presentando los diferentes métodos de prospección aplicados durante los trabajos de campo y sus resultados; desde la prospección sistemática intensiva, pasando por la realización de una prospección de distribución espacial y el uso de herramientas como el georadar, sin olvidar el tratamiento informático que permite la gestión de los datos obtenidos en campo. Finalmente, se repasa la metodología de excavación aplicada, que contempla aspectos como la ejecución de zanjas mecánicas de valoración arqueológica, la excavación superficial de restos o la excavación en área de extensos sectores que han aportado poca estratigrafía vertical y que nos han llevado a plantear enfoques y desarrollar estrategias de análisis para la obtención de datos mediante el análisis de estratigrafías discontinuas.En el siguiente apartado se presentan los primeros resultados de las vastas excavaciones en extensión realizadas hasta la fecha, con más de cien mil metros cuadrados de restos arqueológicos que se verán incrementados en el futuro con motivo del desarrollo urbanístico del sector; de las 54 áreas documentadas durante las prospecciones, únicamente se han podido realizar zanjas y sondeos en diez de ellas, como veremos con diferentes resultados que permiten nuevamente hacer valoraciones sobre los métodos de documentación superficiales, o más bien sobre la interpretación apriorística de las áreas de dispersión de materiales arqueológicos documentados en superficie, a las que de manera genérica solemos llamar “yacimientos arqueológicos” en las cartas e inventarios oficiales. En cuanto al área intervenida en Torre la Sal, de la que se conocían parcialmente los restos de un poblado ibérico y de un área de estructuras negativas excavadas en las dunas fósiles que se extienden en la zona nordeste del sector, los resultados preliminares de las prospecciones serán cotejados con los de las excavaciones realizadas. Obviamente no se hará la descripción individualizada de cada una de las estructuras documentadas, ya que excedería con mucho la finalidad de este trabajo, que por lo demás resultaría una farragosa memoria de datos y más datos, por lo que presentaremos los resultados iniciales de su análisis con prototipos concretos que ejemplifican la, por otra parte, gran diversidad de estructuras y secuencias de amortización documentadas. En este sentido, estoy en deuda con la profesora Ángeles Fernández Izquierdo por su orientación en el análisis estadístico que nos ha permitido observar y encauzar los datos con el fin de ordenar el aparente caos. Tras los resultados de los trabajos de campo, la cultura material más abundante toma el relevo. La gran extensión excavada y la variedad de fases documentadas han aportado una rica y variada muestra de producciones cerámicas. Desde el neolítico hasta nuestros días, no solo han cambiado las formas, las técnicas o los ornamentos de los vasos, sino también su funcionalidad, su uso habitual o extraordinario, así como su percepción simbólica y social que, por lo general, irá pareja a los conceptos asimilados por los individuos según el momento y la cultura en la que se vea inmerso. En este trabajo, realizado con Daniel Sanfeliu, se presenta en primer lugar el estudio de las formas neolíticas documentadas en el área de Costamar, así como el análisis de las diversas producciones locales e importadas de las diversas fases documentadas en nuestras excavaciones y que revelan los contactos extraregionales de esta dinámica zona. En lo concerniente al instrumental lítico y pétreo, estudiado por Oreto García y Teresa Orozco, se ha centrado de momento en las fases más antiguas, que son por otra parte las que presentan el mayor número de restos. Así, los datos aportados nos hablan nuevamente de técnicas y de transformación del medio, de largas rutas de intercambio y de áreas próximas o relativamente distantes de las áreas de captación de materia prima, en definitiva, de rasgos económicos, culturales y sociales. Estos últimos aspectos quizás son más evidentes cuando se trata de elementos superfluos como los destinados a embellecer el cuerpo. El material de adorno, aunque no excesivamente abundante en cuanto a restos recuperados, suele llamar la atención incluso a quienes lo observamos en la actualidad, cumpliendo su objetivo, en ocasiones miles de años después, aunque nuestra percepción sobre el mismo pueda haber variado y aunque su ubicación definitiva en la vitrina de un museo, no se corresponda con el fin para el que fue concebido. Aunque de un modo muy escueto, nuevamente con Daniel Sanfeliu, presentamos un primer avance sobre diversos tipos de la cultura material recuperada durante las intervenciones que se complementa con los escasos hallazgos monetales de los que Eva Collado realiza una primera catalogación. Como una parte más del enfoque metodológico, Ana Isabel Ángel y Begoña Carrascosa presentan la aplicación de las técnicas de extracción y recuperación de restos muebles en campo para proceder a su posterior tratamiento de consolidación y restauración en los laboratorios de la Fundació y de la Universidad Politécnica de Valencia, que vienen explicados de la mano de Marta Reina, Francisco Rodríguez, Begoña Carrascosa y Montse Lastras; en ambos apartados se refleja el trabajo de colaboración continuado llevado a cabo por ambas instituciones, reivindicando la necesidad de crear equipos coordinados de arqueólogos y restauradores, en aras de la estabilización y adecuado tratamiento de la frágil cultura material recuperada. Como resultado del convenio con la Universitat de València, se han podido realizar ya algunos análisis que, aún siendo escasos de momento en cuanto a las cantidades muestreadas, nos permiten empezar a intuir las trazas básicas que marcarán cada periodo analizado. Así, empezamos con los restos humanos de los protagonistas de la fase más antigua documentada en nuestras excavaciones que han sido analizados por Manuel Polo y Elisa García-Prósper, aportando datos paleopatológicos que serán complementados con los estudios de isótopos estables para el análisis de la dieta de estas primeras comunidades que está siendo estudiada por Domingo C. Salazar-García. Siguiendo con los restos óseos, los primeros datos sobre la fauna estudiada por María Dolores Pérez, apuntan al papel fundamental que ejercerán los animales, no solo en lo concerniente a su intrínseco rendimiento cárnico o su uso como fuerza de trabajo, sino que nos permitirán plantearnos posibles relaciones ligadas a los conceptos culturales que van más allá de la valoración de la presencia o ausencia de determinadas especies según los diferentes periodos estudiados. Como parte de la dieta, la recolección de moluscos y gasterópodos son documentados en todas las fases excavadas. Del estudio de Sagrario Carrasco podremos inferir no solo datos relacionados con la paleoecología del sector, sino que también obtendremos información sobre las preferencias culinarias de este recurso complementario que, además de alimento, ofrece materia prima para la fabricación de instrumentos y ornamentos personales, sobre todo entre las primeras comunidades allí asentadas. De las abundantes muestras de tierras recogidas durante la ejecución de los trabajos, los resultados de la flotación no han ofrecido tan buenos resultados como se esperaba para los posteriores análisis carpológicos. El estudio realizado por Guillem Pérez revela datos para el registro de la fase islámica que contrastan con la única muestra recuperada para la fase neolítica, planteándose nuevamente la problemática sobre la mayor o menor presencia de semillas en los asentamientos excavados de este periodo ya revelada por diversos investigadores. Afortunadamente, la abundante presencia de muestras antracológicas de esas mismas muestras de tierra flotadas, estudiadas por Yolanda Carrión, nos permiten vislumbrar una secuencia importante en los cambios de la vegetación de la zona que complementan los datos relacionados con las estrategias de captación de recursos y de la interacción de las comunidades con el medio que los circunda. El último análisis se realiza con Gustau Aguilella, aplicando herramientas GIS con la finalidad de obtener datos territoriales de captación, aprovechamiento del medio y movimiento de las primeras comunidades asentadas en la zona. Finalmente se aborda el tema de la caracterización del paisaje, planteando una visión evolutiva de un medio en constante cambio y estableciendo hipótesis de trabajo sobre el que desarrollar futuros estudios que permitan obtener nuevos enfoques en la investigación arqueológica de esta zona. Tras una introducción sobre aquello a lo que hemos llamado paisaje, iniciamos el recorrido con Francesc Gusi por las evidencias de ocupación más antiguas en las que el individuo se integra en un medio que no llega a ser alterado por su presencia. En cambio, con la domesticación de animales y plantas empezamos a observartransformaciones que no afectan a todas las zonas por igual. Así, las primeras comunidades agro-pastoriles revelan un nuevo modo de vida que vendrá marcado por formas económicas basadas en la captación de recursos y en la intencionalidad productiva y que serán analizadas por Carme Olària. Pasamos a continuación a valorar las primeras transformaciones del medio como consecuencia de esta interacción que conformará el paisaje neolítico de la zona de estudio. En el caso de Costamar, el propio registro nos obliga a plantearnos nuevos enfoques en los que la carga cultural, lo que parafraseando a Lévi-Strauss podríamos llamar el “pensamiento neolítico”, tiene un peso específico que puede explicar en ocasiones la presencia o ausencia de determinados restos de la cultura material en el contexto documentado. Más adelante, la adaptación de nuevas estrategias de subsistencia pueden ser el resultado de una necesaria adaptación a ciclos paleoecológicos cambiantes, sin olvidar que la carga de las relaciones sociales y culturales con las diferentes comunidades con las que se compite por la apropiación de los recursos, puede generar fuertes alteraciones que se verán manifestadas a través del registro arqueológico. Con la llegada de nuevas demandas, esta vez definidas por la búsqueda de recursos específicos como podrían ser los de origen mineral, se generan nuevas relaciones sociales caracterizadas por una mayor jerarquización. El control de determinadas actividades y su gestión comercial acabarán desembocando en una transformación del medio y puede que con el nacimiento del propio asentamiento de Torre la Sal. No obstante, estas transformaciones tienen como origen una nueva vía de comunicación que a partir de ahora cobra fuerza, la navegación marítima, que convierte la zona en un área de desembarco y en punto de intercambio comercial que se analiza con Asunción Fernández-Izquierdo. A raíz de este nuevo papel comercial, tras la conquista romana Torre la Sal experimenta un cambio sin precedentes en el área de estudio, creando un paisaje urbano de rápido crecimiento para cuyo prematuro final se plantean diversas hipótesis. El abandono de este enclave comercial y la implantación de nuevos modelos productivos abocan en nuevas formas de entender y apropiarse del espacio que ahora será gestionado desde unidades individuales de explotación: las villas. Los datos proporcionados por las excavaciones de El Tancat arrojan nuevos datos que son considerados con Ferran Arasa y que nos llevan a la fase tardo-antigua documentada en nuestras investigaciones de campo. Habrá que esperar a la llegada de la población andalusí para constatar una nueva transformación, sujeta ahora a un componente sociocultural exógeno, cuyo registro manifiesta una intensa explotación de los acuíferos y un nuevo modo de entender el control y la explotación de las tierras, marcando las pautas de un legado que aún subsiste. Finalmente, los cambios políticos y económicos y la presencia de nuevos pobladores venidos tras la conquista cristiana son poco perceptibles en el registro arqueológico documentado en nuestras intervenciones, evidenciando un nuevo vacío de la zona de estudio, en parte como consecuencia directa de las condiciones ambientales que se revelan a partir de los datos de campo y de la documentación histórica. Se trata en definitiva de una zona que, analizada desde la perspectiva histórica, presenta cambios constantes en las relaciones entre las distintas comunidades y el medio por ellas transformado. Solo nos queda agradecer a la dirección de Marina d’Or haber puesto a nuestra disposición todos los medios que han permitido el desarrollo de las investigaciones. La creación de la Fundació Marina d’ Or de la Comunitat Valenciana bajo el patronazgo de su presidente D. Jesús Ger García, de su vicepresidente D. Federico Rivas García y de su secretario D. Jesús Valencia Algarra, ha supuesto un claro compromiso social en el estudio y preservación del patrimonio que se ha materializado en su esfuerzo personal y en la dotación económica de los trabajos de investigación desarrollados bajo su patrocinio. También estoy en deuda con todos los compañeros de Marina d’Or que han facilitado nuestra labor, arquitectos, administrativos, abogados, informáticos, operarios, y un largo etcétera, y muy especialmente a los miembros del departamento de urbanismo, con quienes he tenido el placer de trabajar estrechamente y que han supuesto una fuente continua de aprendizaje. Finalmente, agradecer a Francesc Gusi, director del Servei d’Investigacions Arqueològiques i Prehistòriques de la Diputació de Castelló, habernos ofrecido la posibilidad de publicar este volumen. ENRIC FLORS
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2024-05-22
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